‘The Amazing Spiderman 2: Rise of Electro’ (2014) – Dir.: Marc Webb

Soy un fan confeso de Spiderman. Es mi superhéroe favorito, sólo después de Batman. La trilogía de Sam Raimi formó parte importante de mi infancia y para mí, al menos las dos primeras son clásicos. Quizá por eso se pueda pensar que me cuesta ser imparcial con este héroe, pero creo que es todo lo contrario, ya que por el cariño que se le tiene, es más difícil olvidar los desaciertos y los errores que se cometen en sus adaptaciones al séptimo arte (como aquel esperpento llamado ‘Spiderman 3’, donde no se salva prácticamente nada). La película que nos ocupa es la segunda parte de un reboot del trepamuros, gestado unos años después de la horrible tercera entrega de la saga de Raimi. No se pudo concretar una nueva secuela, entre otras razones, porque los actores ya eran unas súper estrellas y los salarios que pedían no eran los que la Sony tenía estimados. Se decidió entonces, reiniciar la franquicia, dándole el timón a Marc Webb, director de la estupenda ‘500 days of Summer’, y los papeles principales a Andrew Garfield y Emma Stone, respectivamente como Peter Parker/Spiderman y Gwen Stacy (el verdadero primer amor del protagonista), unos actores en absoluto desconocidos, pero lejos de ser grandes estrellas, sobre todo Garfield, quien había adquirido cierta fama por su participación en ‘La Red Social’ (The Social Network) de la mano de David Fincher, mientras que Stone era mucho más reconocida por algunas comedias y el drama nominado al Oscar ‘Historias Cruzadas’ (The Help). La primera entrega de este reinicio me gustó. Ofrecía un enfoque diferente, más oscuro (la influencia de ‘The Dark Knight’ en muchas de las películas de la actualidad es incuestionable). Con sus errores, era una buena película y la química entre Emma Stone y Andrew Garfield traspasaba la pantalla. El problema de este film es que guardaba muchas similitudes con la primera entrega de la saga anterior, porque contaba de nuevo los orígenes del arácnido, y era imposible no hacer comparaciones. La cinta estaba, aún no queriéndolo, unida a la de Sam Raimi, resultando en algunos casos más un remake que una readaptación del cómic en la gran pantalla. Sin embargo, el Spiderman de Webb, al menos para quien suscribe, era lo suficientemente estimulante como para quedarse con ganas de más, a espera de que en su segunda parte terminara por apartarse de los lugares comunes y contarnos de una vez por todas “la historia no contada”, como alguna vez nos prometieron. ‘The Amazing Spiderman 2: Rise of Electro’ (me hubiera encantado que se usara el título que alguna vez se rumoró: The Awesome Spiderman) comienza con una escena vertiginosa de la muerte de los padres de Peter. Me dejó un buen sabor de boca, porque aunque no se muestra explícitamente, esta mini-trama de espionaje, y demás, nos acerca, aunque sea en nuestra imaginación, a SHIELD, y a su vez a ese grupito encabezado por cierto Capitán. Sabemos que probablemente no pase, pero soñar no cuesta nada. Y luego, casi sin dejar respiro, vemos una genial escena con nuestro vecino amistoso, con un particular estilo del humor, vacilando a sus rivales, tal y como se concibió en los cómics. La película no podía empezar de mejor manera. Y en sólo dos escenas, ya se había deslindado de todas las comparaciones que podríamos hacer posibles con la trilogía anterior. Andrew Garfield y Emma Stone echan chispas cada vez que salen en pantalla, aún más que en la entrega anterior, si cabe. Sus no pocas escenas juntos han despertado muchas críticas, pero a mí me han parecido muy naturales, y aunque algunas resultan ligeramente empalagosas, están lejos de esas escenas con frases grandilocuentes y expresiones acartonadas que se nos muestran en otras películas. Ambos son un gran acierto de casting, sin negar el trabajo del director, cuyo trabajo de actores fue una de las razones por las que fue contratado para dirigir las cintas del hombre araña.

Leer el resto de esta entrada »

Genial cortometraje de Pixar, casa de excelentes películas como Ratatouille, Wall-E y la trilogía de Toy Story:

Vídeo  —  Publicado: 12 mayo, 2014 en Videos
Etiquetas:, , , ,

Microcuentos

Publicado: 27 abril, 2014 en Relatos
Etiquetas:, ,

Hace unos meses participé en un concurso de microcuentos. Se trataba básicamente de crear historias que entraran en 140 caracteres. De más está decir que no gané, y es que hasta el concurso entró en una polémica porque los microcuentos ganadores estaban lejos de ser buenos. Hace poco recordé el concurso y decidí publicar algunos de los microcuentos con los que participé. No sé si son lo suficientemente buenos como para merecer ganar ese concurso, o cualquier otro, pero dejo aquí mis favoritos:

 

– Era tan bella, que inspiraba deseo y odio por igual. ¿Quién iba a pensar que la belleza sería el fin de su existencia.

– Con aquel golpe entendió la lección: “no perdones a quien te ha traicionado otras veces”. Fue lo último que ella aprendió.

– “Es que sólo me buscan por mi físico”, exclamó la chica, ajustándose el escote que le llegaba al ombligo.

– Por cuestiones de espacio, su funeral tuvo que ser allí. Aún recuerdo lo que dijo una vez: “sólo muerta volvería a esta casa”.

– Sus guantes eran de un blanco muy brillante. Lo que nadie sabía, es que esa noche quedarían finamente manchados de sangre.

– La vaca los miraba a todos y mugía, inocente, sin saber que toda la culpa era suya.

– En cuanto se lo expliqué, me ofreció disculpas por la cachetada. Al parecer ella entendía otra cosa por “piloerección”.

– Ella se quedó esperando que él fuera por ella. Él esperaba que ella regresara.

– No puedo decirte todo el tiempo que te amo. – A veces sólo quisiera que me dijeras “estoy aquí” -respondió ella.

– “Necesito plata, sea como sea”, dijo ella. Aún sin saberlo, esa frase sería el inicio de todas sus desgracias.

– Fue así entonces como se dio cuenta de que, después de todo, él podía vivir sin ella.

– Recuerdo que en la entrada del cine decía: “Mamas y bebes gratis”. Así aprendí la importancia del uso de las tildes.

– Así que la relación murió cuando ella se dio cuenta de que si no le escribía, no hablarían nunca.

– Entonces Pedrito entendió que tenía que aprender a mentir mejor.

– Sólo así comprendí, que no era ella, ni era yo. Era su ex-novio y su 9mm.

Juliette entró en su dormitorio, sonriendo, y un millar de Juliettes le devolvieron la sonrisa. Porque todas las paredes estaban pandadas con espejos, y el techo estaba formado por paneles empotrados que reflejaban su imagen.

Por todos lados donde mirara podía ver los rubios rizos que enmarcaban los rasgos llenos de sensibilidad de un rostro que era una radiante amalgama de niña y ángel; un sorprendente contraste con la rubicunda y carnosa revelación de su cuerpo de mujer bajo la diáfana ropa.

Pero Juliette no se sonreía a sí misma. Sonreía debido a que sabía que el Abuelo estaba de vuelta y le habría traído otro juguete. Dentro de unos momentos sería descontaminado y se lo entregaría, y deseaba estar preparada.

Juliette giró el anillo en su dedo y los espejos se oscurecieron. Otro giro oscurecería enteramente la habitación; un giro en sentido contrario y los espejos volverían a brillar. Todo era cuestión de elegir…, pero ése era el secreto de la vida. Elegir, por el puro placer de hacerlo.

¿Y qué le complacía hacer esta noche?

Juliette avanzó hacia uno de los paneles de espejo y pasó su mano ante él. El cristal se deslizó hacia un lado, revelando una hornacina tras él; una abertura en forma de ataúd excavada en la roca sólida, con la bota de tortura y las empulgueras situadas a sus alturas correspondientes.

Vaciló un momento; no había jugado a ese juego desde hacía años. Otra vez, quizá. Juliette agitó su mano y el espejo se deslizó, cubriendo de nuevo la abertura.

Erró lentamente a lo largo de la hilera de paneles, haciendo gestos a medida que andaba, deteniéndose para inspeccionar uno tras otro lo que había detrás de los espejos. Allí estaba el potro; allí, bien alineados, los látigos de púas colocados contra la oscura madera pulida. Y allí estaba la mesa de disección, con cientos de años de antigüedad, con sus exóticos instrumentos; tras el siguiente panel, los cables y electrodos que producían esas muecas tan extrañas y esas contorsiones de agonía, por no hablar de los gritos. Por supuesto, los gritos no importaban en una habitación a prueba de ruidos.

Leer el resto de esta entrada »

ojos mono de peluchea

Los policías no tuvieron ningún reparo en dejarla caer en la silla. No fueron violentos, aunque ella notó algún exceso de fuerza al llevarla desde su casa hasta la comisaría. Aquel cuarto era oscuro y frío, tanto, como  la mesa de metal que tenía frente a ella. De pronto se imaginó en una de esas historias policíacas donde metían al acusado en una habitación similar y lo interrogaban. Pero aquella no era ninguna película, y en dos segundos Érika dejó de imaginar: era real.

Los dos agentes la dejaron sola. Al parecer, no serían ellos los encargados de interrogarla. “Tal vez alguien de mayor jerarquía”, pensó ella. Miró a su alrededor y no vislumbró nada interesante, sólo una silla del otro lado de la mesa y nada más. Por algún lado debía haber una cámara, pero desde allí, y en la oscuridad, no lograba ver el punto en el que se unían las paredes con el techo. Érika seguía temblando, y gruesas gotas de sudor corrían por su cara y se perdían en su escote.

Las luces se encendieron, y bruscamente, como si de ello dependiera su vida, entró el oficial Monsalve. Era un hombre corpulento y de facciones duras. Parecía dispuesto a golpear a quien le mirara a los ojos siquiera. Llevaba en sus manos una carpeta azul, que puso de inmediato sobre la mesa.

– Comisario Paúl Monsalve – dijo estrechándole la mano. Érika no respondió. – No se preocupe por dar su nombre. Yo ya sé quién es.

La chica le dirigió una mirada de reproche. Paúl, con las manos en la espalda, comenzó a caminar a través del cuarto.

– Supongo que ya sabe por qué está aquí.

– No. – respondió Érika secándose las lágrimas.

– ¿No? – dijo él con ironía.

– No. Pensaba que iban a llevarme a acompañar el cuerpo de mi esposo.

– El cuerpo de su esposo. Suena algo sádico.

– Es el hombre con el que he vivido por más de 5 años, comisario. Es lo menos que puedo hacer. Los otros policías me dijeron que los acompañara y… yo pensaba que me llevarían hasta la morgue.

Finalmente se sentó en la otra silla disponible. Abrió la carpeta que estaba sobre la mesa y comenzó a leer con una voz increíblemente fuerte.

– Érika Castillo, 29 años. Casada – el detective carraspeó la garganta. Ella soltó un sollozo –. Ustedes no tenían hijos, ¿cierto? – Ella asintió – Tampoco hay registros de que alguno de ustedes tuviera familiares en esta ciudad. La puerta no tenía signos de violencia y ustedes vivían solos. Además, usted fue la única persona con la que él se comunicó en toda la mañana. Le envió tres mensajes de texto e hizo una llamada.

– ¿De dónde saca usted eso?

– Soy policía – respondió Paúl con una sonrisa – Aunque eso no debería preocuparle porque usted no lo hizo, ¿verdad?

– ¿Cómo dice?

– Usted es la principal sospechosa, señora.

Leer el resto de esta entrada »

“Recuerda quién es el verdadero enemigo”.

“The Hunger Games: Catching Fire” – Dir. Francis Lawrence

Katniss Everdeen y Peeta Mellark deben enfrentar las consecuencias de haber provocado al Capitolio tras haber ganado los 74° Juegos del Hambre, y,  a través del Tour de la Victoria por los distintos distritos, deben calmar las aguas y evitar una rebelión en Panem, y sobre todo convencer al presidente Snow de que en ellos no hay más que agradecimiento y sumisión. Aún así, el sistema está buscando la manera de desaparecerlos sin provocar un nuevo levantamiento.

‘En Llamas’ comienza de una manera similar a como inició su predecesora: con Katniss cazando. Pero hay algo distinto, no es la misma Katniss. En realidad nada es igual. En general, la segunda parte de una película, viene siendo algo parecido a lo mostrado en la primera entrega, pero más grande. Esta vez no estamos frente a la nueva maravillosa aventura de nuestro héroe favorito (en este caso heroína), sino que presenciamos la evolución de la historia, así como de sus personajes. En Llamas es una consecuencia directa de Los Juegos del Hambre más que un nuevo episodio. Es una secuela en toda regla, no una historia independiente, que puede ser vista fácilmente aunque no se tenga presente el film que le antecede, como pasa mucho en las sagas en la actualidad.

El mayor acierto de esta segunda parte tiene nombre y apellido: Francis Lawrence. El austríaco, también encargado de la puesta en escena de la conclusión de esta saga, dividida en dos partes, se destaca por continuar con lo logrado por Gary Ross, pero corrigiendo los desaciertos de la primera entrega, como los movimientos de cámara, el tono de la historia (ese tono de “película familiar” de su antecesora le sentaba fatal), los secundarios y el guión en general. Ciertamente, ‘Los Juegos del Hambre’ era una buena película, y es innegable el éxito que tuvo con la crítica y los fans, pero también hay que decir que era una cinta muy mejorable, y por fortuna, los productores cayeron en cuenta, y decidieron contar con los servicios de Lawrence, quien llevó a ‘En Llamas’ a un terreno mucho más allá de lo pensado.

La película que nos ocupa se apoya en un sólido guión, que no sólo es muy fiel al material literario (en cierto modo, esto es lo de menos), sino que le otorga un ritmo a la película que le permite alternar entre momentos de calma e intensidad sin que ninguno resulte sobrecargado, así como un equilibrio entre los personajes secundarios (geniales, todos), donde todos quedan perfectamente dibujados, aún y cuando su aparición sea de pocos minutos. Además, y a diferencia de lo que ocurre con muchos blockbusters actuales, éste es un guión al servicio de la historia y no en función de los efectos especiales: ‘En Llamas’ no es una excusa para mostrar a un par de actores famosos y un montón de efectos, sino que realmente te está contando algo. Es lógico que el libro sea mucho más detallado, pero difícilmente haya alguien que, habiendo visto este film no haya entendido todo lo que se cuenta en estos 146 minutos. Leer el resto de esta entrada »

Etiquetas

Publicado: 30 noviembre, 2013 en Pasa en la vida
Etiquetas:, , ,

Recuerdo uno de los episodios de una de las series que veo a menudo, “New girl”, donde Schmidt y Winston, dos de los personajes, protagonizaron una curiosa situación. Schmidt quería hacerle algo especial a su amigo, por lo que quiso hacer con él “cosas de negro”, lo que según Schmidt, es hablar de una forma determinada, decir groserías, ponerse una boina con los colores rojo, amarillo y verde, y escuchar reggae. Sólo le faltó comer patilla y pollo frito.

Winston, como era de esperarse, hizo una de las suyas, y le siguió la corriente, e incluso le dijo que quería fumar crack, así que Schmidt tuvo que llevarlo a un barrio “de negros” y conseguir la droga. Después de pasar el susto de su vida, Schmidt tuvo que aprender la lección, por las malas, como muchas veces nos pasa en la vida.

EEUU es uno de los países más discriminatorios del mundo. Incluso viendo sus películas, podemos ver cómo piensan los norteamericanos. Todos tienen etiquetas: los negros, los blancos, los europeos, los latinos. Todos estamos segregados en grupos, tenemos gustos y actitudes definidas y formas de pensar determinadas. Los negros se casan entre sí, y así sucesivamente. Así lo ven ellos.

A pesar de esto, los otros no somos mejores, realmente. Quizás los prejuicios cambien de país a país, pero todos ponemos etiquetas. Quizás en Latinoamérica somos algo distintos en cuanto a que dos personas de color de piel distintos se casen, pero somos muy prejuiciosos.

La chica gorda es una vaca que no deja de comer, y la chica de baja estatura es una enana que se escapó de Narnia. Así de crueles somos. Si una persona negra es novia de una blanca, no hay problema, pero nunca falta un desubicado que diga la famosa frase “café con leche”. Recordemos nuestro salón de clases. Es muy difícil que alguien no tuviera sobrenombres. No todos eran ofensivos, pero muchos apodos sólo servían para humillar a su dueño: “cara de….”, “cabeza de…”, “cuerpo de…”. ¿Alguna vez viste que le preguntaran a alguien si quería que le llamaran de esa manera?

Si una chica no es muy agraciada, es un monstruo, y la chica que se considera atractiva, probablemente no tenga problemas, aunque no evita que alguien la llame prostituta o regalada. ¿Quién decide que una persona sea “bonita” o no? ¿Hay un manual para eso?Asimismo, la persona con más posibilidades económicas se presupone la más educada, con más capacidades, es una persona limpia, sin malas intenciones… lógicamente es una persona confiable. ¿Por qué?

Si llevamos esto al ámbito geográfico vemos otras etiquetas. En el caso de Venezuela, los maracuchos son groseros, escandalosos y ordinarios, normalmente la gente se los imagina como unos gordos sudados. El gocho es bruto, sin duda. El llanero es un malhablado y el caraqueño un malandro. Lara es puro monte y en Yaracuy aún no ha llegado el Internet. ¿Y si hablamos de Latinoamérica? Simple. El boliviano es un indio, el colombiano un drogadicto, el argentino un arrogante, el venezolano un pendejo por haberse calado a Chávez y el brasileño se la pasa bailando samba.

En mayor o menor medida, todos somos como Schmidt. Tendemos a señalar con el dedo y hablar de quien consideramos diferente o fuera de lo normal. ¿Qué es lo normal? ¿Quién decide que algo es o no normal? Quizás alguien diga que lo normal es lo más común. Bueno, el humano promedio es un hombre chino de 28 años, soltero y de 1,77m de estatura. Todos los que nos son así serían anormales por definición, ¿o no?