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Mi instinto asesino despertó cuando escuché aquella frase. Lo miré con ira, pero él no se dio cuenta, así como tampoco pareció enterarse de que lo que acababa de decir me hervía la sangre. “Tus calcetines son lindos”, me dijo. Para empezar, la palabra “lindo”  en la frase, siento que desencajaba un poco, pero lo pasé un poco por alto porque no fue eso lo que originó mis ganas de asesinarle, sino lo de “calcetines”. ¿Quién coño dice calcetines? ¡Estamos en Venezuela, carajo! Aquí les decimos “medias”, así, tal cual, no hay sinónimos, no hay otra forma de llamarles. Les decimos “medias”.

Los chamos que tienen ahora de 12 o 13 años hacia abajo es lo que yo llamo la “generación Discovery Kids”. Podría ser la generación Cartoon Network o qué sé yo, porque el abominable monstruo del imperio mismo tiene mil formas, pero es Discovery Kids quien lleva la mayoría de la culpa de que los niños de hoy en día estén tan… distintos, para no caer en adjetivos más fuertes, y hablando de una forma en la no se habla en ninguna parte de Venezuela. Que así hablan en México, dicen, y es así, pues allí es donde doblan al español casi todas las series y películas que vemos. Por eso es que vemos que los niños de hoy hablan de “coche”, en vez de “carro”, o “césped” en vez de “grama”. Pero lo que no corresponde con ninguna parte de Latinoamérica es la forma en la que hablan, es decir, la entonación que usan no es la misma que el lugar donde viven, sino que simplemente hablan exactamente igual que las series dobladas con “acento neutro”.

Hace unos días, estaba pintando afuera de mi casa, y tenía una escalera plegable en la calle, justo en la acera. Al rato se acerca un niño vecino, no tan pequeño, de unos 11 años, quien pasa por debajo de la misma y me dice “yo no creo en esse falso mito de que uno no puede pasar por debajo de una escalera porque se quedaría sólo”. Yo me quedé con la boca abierta, no por la frase en sí que no tenía nada extraño, sino la forma en la que me lo dijo, es decir, habló como si estuviera en una comiquita, igual como se hace con el doblaje latino y el ya nombrado acento neutro, que como tal no existe, sino que es la única forma de que las productos audiovisuales doblados sean entendidos por todos los latinoamericanos. Lo hubiese cacheteado, no sin antes decirle que dejara de hablar como un anormal, que así no se habla aquí, pero tenía la mano ocupada con el envase de pintura, mala suerte.

Estas son las señales de que su hijo, hermano, primo o lo que sea, forma parte de esta generación Discovery Kids:

  • Si dice alguna de estas frases:

– “Pásame el tarro de las galletas”.

– “¡Mira un arbusto!”.

– “Vamos a jugar en el lodo”.

– “Tengo ganas de comerme una sandía…”.

– “Me voy a poner una playera y unos tenis nuevos”.

– “Quiero comer pastel”.

– “Voy a meter la gaseosa en el refrigerador”.

  • Si habla de “rosa” o “naranja” como colores.
  • Si sustituye el morado por púrpura o violeta.
  • Si se refiere a una canción como “una rola”.

Todo esto, por supuesto, hablando como la gente de los programas doblados y los infomerciales, pronunciando todas las eses, des y jotas como si su vida dependiera de ello.

Si usted, señora madre, señor padre (o usted, querido lector que no tiene hijos pero quiere hacer algo realmente importante y valioso por nuestro mundo y le da flojera andar reciclando papel), que tanto quiere a su niño y desea todo lo mejor para él, si ve en él alguno de los síntomas anteriormente descritos (porque sí, señores, es una enfermedad), no dude lanzarle de inmediato el objeto que tenga en su manos en el momento para hacerle entender muy respetuosamente al niño que se deje de pendejadas y que hable como alguien normal. Si los síntomas continúan, le aconsejo que llame inmediatamente a su médico de confianza para que le aconseje el instrumento de tortura más eficaz.

¡ALERTA PERMANENTE! No dejemos que uno de estos días nuestros niños nos salgan con “¡no manches güey! ¡qué padre!”.

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Hace un tiempo, unos cuantos semestres atrás, mientras muchos se llevaban las manos a la cabeza durante la “brillante” (nótese las comillas) exposición de una compañera en la que decía más barbaridades que cualquiera de nosotros con unos palos encima, y mientras yo aprovechaba que ella se volteaba a señalar lo que decían las diapositivas para bucéarmela (lo iba a decir de forma más sutil, ¿pero para qué engañarnos?); recuerdo que una amiga, que estaba sentada a mi lado me dijo “es que definitivamente los caballeros las prefieren brutas”. Cabe destacar que lo de caballero seguramente lo dijo porque es una frase célebre, porque sinceramente, y con la cara con la que me lo dijo, no estaba pensando justamente en referirse a nosotros como eso.

Inmediatamente recordé lo que ocurrió en bachillerato, también durante una exposición (un recuerdo dentro de un recuerdo, es como un post-ception). En este caso el que estaba exponiendo era yo. Y no, no estaba diciendo estupideces, y tampoco me estaban buceando, creo. Habíamos terminado la exposición y estábamos haciendo una especie de dinámica en forma de preguntas sobre cultura general a cambio de premios. Me tocó preguntarle a una chama bellísima, la mami del salón, pues, para no entrar en detalles. La cuestión es que no tenía nada anotado, así que podía buscar alguna pregunta que pudiera responder con facilidad (como si eso me ayudara en algo con ella, pendejadas que creía uno en esa época). Decidí entonces preguntarle, con toda la intención de que respondiera inmediatamente, se llevara su premio y me diera un beso como agradecimiento (jaja). La cosa era, ni más ni menos, “¿cuál es la moneda oficial de Estados Unidos?”. Fino, pues, se la lanzo bombita, ella la batea, le doy su premio, y vivimos felices para siempre…

Nada más lejos de la realidad: la chama se puso de todos los colores, frunció y desfrunció el ceño, apretó y desapretó los labios, la mandíbula, el esfínter, miró hacia los lados, soltó una risita nerviosa y dijo: “ay, ¡no sé!”. Queridos lectores, todo se fue a la mierda, me mordí los labios en busca de no sacarle la madre, y con mi brazo derecho detuve a una compañera que le iba a lanzar un coñazo, lo juro. Respiré profundo y pensé “ok, es una bruta del carajo, está más buena que el idem, pero es una bruta, coño. Como todo el mundo se merece una segunda oportunidad, voy a preguntarle algo más fácil, algo que todos sepamos, que en algún momento de nuestras vidas hemos escuchado por ahí o visto en TV“. Digo, tal vez lo del dólar era muy profundo para ella, es muy posible que nunca hubiera escuchado nada relacionado con eso: ni el barril de petróleo, ni el valor del dólar en bolívares, quizás nunca ha viajado o conocido a alguien que haya viajado fuera de este país. Tal vez no sabía el significado de “moneda” o de “oficial”, o quizás no sabía que carajo son los “Estados Unidos”, que podían ser cualquier cosa: un equipo de fútbol, una marca de motocicletas, o el nombre de la novela de turno de Venevisión. Todas esas posibilidades me llevaban a la misma conclusión “es una maldita bruta, marico, no hay de otra“.

Mi segunda pregunta fue: “¿Cuál es el Director Técnico de la Vinotinto?”. Cuando vi la cara que puso me di cuenta que ahí sí la cagué. Me metí en el terreno que la mayoría de las mujeres no conocen. Si me decía “Richard Páez” igual le daba el premio, porque en ese momento César Farías tenía poco tiempo en el puesto, aunque en absolutamente todos lados se habló de este último como el nuevo seleccionador. Pero con Richard Páez la cosa adquiría otro nivel, es decir, era como si no supieras como se llama el papa, los últimos años estuvieron llenos de noticias con su nombre, aún más allá del ámbito deportivo. Pero nada, tampoco dijo nada, ni siquiera un nombre cualquiera. Prácticamente estuve dispuesto a darle el premio si decía “Juan Arango”, “Ronaldinho” o “Luis Sojo”. Pero no hubo señales de vida en esa cabecita.

Luego de pensar en ese evento de bachillerato, y ver a la chama que estaba exponiendo frente a mi, ahora en la universidad, pensé que esa frase expresa un machismo preocupante, con todo y teniendo en cuenta que en la mayoría de las veces las que la repiten son mujeres. Y por supuesto que nosotros tenemos algo de culpa. Uno ve a una mujer así, de esas que se llevan todas las miradas, y que cuando hablan cumplen la misma función de una poceta (más gráfico imposible), no está pensando en nada más que en lo físico. Prácticamente nos da igual lo que salga de sus bocas, pues en ese momento no estamos pensando en eso. Pero una cosa es cierta: ninguna de estas chamas aguanta más de 5 minutos de conversación, porque su vida no va más allá que lo que tienen en frente: que si el teléfono, las uñas, el pelo, o el maquillaje. Es bastante aburrido, la verdad. Porque a simple vista se ve todo bonito, pero después de la tercera palabra que se cruza con alguna, el encanto se pierde, es como si un hechizo se rompiera.

Con respecto a la pregunta del título, no creo que sea así. Es tan sólo una de esas cosas en las solemos hacer juicios generalizados. Con las dos chamas de las que hablo en este post jamás tuve una conversación de más de tres o cuatro frases, con el tiempo, y como toda atracción superficial, me dejaron de interesar pronto. No puedo responder a esa pregunta tan abiertamente, en principio porque estaría generalizando, y eso es tan incorrecto como inexacto. ¿Los caballeros las preferimos brutas?          

Al menos éste, no.