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Publicado: 30 noviembre, 2013 en Pasa en la vida
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Recuerdo uno de los episodios de una de las series que veo a menudo, “New girl”, donde Schmidt y Winston, dos de los personajes, protagonizaron una curiosa situación. Schmidt quería hacerle algo especial a su amigo, por lo que quiso hacer con él “cosas de negro”, lo que según Schmidt, es hablar de una forma determinada, decir groserías, ponerse una boina con los colores rojo, amarillo y verde, y escuchar reggae. Sólo le faltó comer patilla y pollo frito.

Winston, como era de esperarse, hizo una de las suyas, y le siguió la corriente, e incluso le dijo que quería fumar crack, así que Schmidt tuvo que llevarlo a un barrio “de negros” y conseguir la droga. Después de pasar el susto de su vida, Schmidt tuvo que aprender la lección, por las malas, como muchas veces nos pasa en la vida.

EEUU es uno de los países más discriminatorios del mundo. Incluso viendo sus películas, podemos ver cómo piensan los norteamericanos. Todos tienen etiquetas: los negros, los blancos, los europeos, los latinos. Todos estamos segregados en grupos, tenemos gustos y actitudes definidas y formas de pensar determinadas. Los negros se casan entre sí, y así sucesivamente. Así lo ven ellos.

A pesar de esto, los otros no somos mejores, realmente. Quizás los prejuicios cambien de país a país, pero todos ponemos etiquetas. Quizás en Latinoamérica somos algo distintos en cuanto a que dos personas de color de piel distintos se casen, pero somos muy prejuiciosos.

La chica gorda es una vaca que no deja de comer, y la chica de baja estatura es una enana que se escapó de Narnia. Así de crueles somos. Si una persona negra es novia de una blanca, no hay problema, pero nunca falta un desubicado que diga la famosa frase “café con leche”. Recordemos nuestro salón de clases. Es muy difícil que alguien no tuviera sobrenombres. No todos eran ofensivos, pero muchos apodos sólo servían para humillar a su dueño: “cara de….”, “cabeza de…”, “cuerpo de…”. ¿Alguna vez viste que le preguntaran a alguien si quería que le llamaran de esa manera?

Si una chica no es muy agraciada, es un monstruo, y la chica que se considera atractiva, probablemente no tenga problemas, aunque no evita que alguien la llame prostituta o regalada. ¿Quién decide que una persona sea “bonita” o no? ¿Hay un manual para eso?Asimismo, la persona con más posibilidades económicas se presupone la más educada, con más capacidades, es una persona limpia, sin malas intenciones… lógicamente es una persona confiable. ¿Por qué?

Si llevamos esto al ámbito geográfico vemos otras etiquetas. En el caso de Venezuela, los maracuchos son groseros, escandalosos y ordinarios, normalmente la gente se los imagina como unos gordos sudados. El gocho es bruto, sin duda. El llanero es un malhablado y el caraqueño un malandro. Lara es puro monte y en Yaracuy aún no ha llegado el Internet. ¿Y si hablamos de Latinoamérica? Simple. El boliviano es un indio, el colombiano un drogadicto, el argentino un arrogante, el venezolano un pendejo por haberse calado a Chávez y el brasileño se la pasa bailando samba.

En mayor o menor medida, todos somos como Schmidt. Tendemos a señalar con el dedo y hablar de quien consideramos diferente o fuera de lo normal. ¿Qué es lo normal? ¿Quién decide que algo es o no normal? Quizás alguien diga que lo normal es lo más común. Bueno, el humano promedio es un hombre chino de 28 años, soltero y de 1,77m de estatura. Todos los que nos son así serían anormales por definición, ¿o no?

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