Archivos para julio, 2013

“No son nuestras habilidades las que determinan quienes somos, sino nuestras decisiones”. Albus Dumbledore.                                                                ________________________________                                                                                                                                                                                                 

Soy lo que llaman ahora, un Potterhead. Lo digo en inglés porque en español suena horrible. Aunque ese término lo vengo escuchando desde hace poco tiempo. Para otros fui un infantil, nerd, obsesionado o fanático. Y aunque esos términos no me caen bien en absoluto, tampoco formo un drama por eso. Allá cada quien con sus gustos. Yo no puedo criticar al que escucha música distinta a mí, o al que le gustan el tipo de películas que a mí no me agradan. Simplemente porque todos somos distintos en todos los aspectos, y sería imposible, además de aburrido, que a todos nos gustara lo mismo.

Me he leído todos los libros de Potter al menos 3 veces cada uno, y con las películas no puedo llevar la cuenta, pues ya la he perdido. No soy de los que se disfrazan de mago o de mortífago, se ponen pelucas o una cicatriz en la frente, aunque no critico a quien lo haga. Cuando mucho llegué a tener de niño una varita hecha a mano. Solo disfruto plenamente de toda la obra de J.K. Rowling, la creadora de este fantástico mundo.

Esta saga significa mucho más para mí de lo que algunos se imaginan. Crecí leyendo Harry Potter (en adelante HP) y viendo las películas, me hice adolescente y luego adulto, pasé la primaria, el bachillerato y hasta ahora 7 semestres de la universidad. No es que me la pase todo el día pensando en hechizos y encantamientos, no es que mi mente sea un mundo de fantasía y no vea la realidad. HP es también otro tipo de magia.

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Mi instinto asesino despertó cuando escuché aquella frase. Lo miré con ira, pero él no se dio cuenta, así como tampoco pareció enterarse de que lo que acababa de decir me hervía la sangre. “Tus calcetines son lindos”, me dijo. Para empezar, la palabra “lindo”  en la frase, siento que desencajaba un poco, pero lo pasé un poco por alto porque no fue eso lo que originó mis ganas de asesinarle, sino lo de “calcetines”. ¿Quién coño dice calcetines? ¡Estamos en Venezuela, carajo! Aquí les decimos “medias”, así, tal cual, no hay sinónimos, no hay otra forma de llamarles. Les decimos “medias”.

Los chamos que tienen ahora de 12 o 13 años hacia abajo es lo que yo llamo la “generación Discovery Kids”. Podría ser la generación Cartoon Network o qué sé yo, porque el abominable monstruo del imperio mismo tiene mil formas, pero es Discovery Kids quien lleva la mayoría de la culpa de que los niños de hoy en día estén tan… distintos, para no caer en adjetivos más fuertes, y hablando de una forma en la no se habla en ninguna parte de Venezuela. Que así hablan en México, dicen, y es así, pues allí es donde doblan al español casi todas las series y películas que vemos. Por eso es que vemos que los niños de hoy hablan de “coche”, en vez de “carro”, o “césped” en vez de “grama”. Pero lo que no corresponde con ninguna parte de Latinoamérica es la forma en la que hablan, es decir, la entonación que usan no es la misma que el lugar donde viven, sino que simplemente hablan exactamente igual que las series dobladas con “acento neutro”.

Hace unos días, estaba pintando afuera de mi casa, y tenía una escalera plegable en la calle, justo en la acera. Al rato se acerca un niño vecino, no tan pequeño, de unos 11 años, quien pasa por debajo de la misma y me dice “yo no creo en esse falso mito de que uno no puede pasar por debajo de una escalera porque se quedaría sólo”. Yo me quedé con la boca abierta, no por la frase en sí que no tenía nada extraño, sino la forma en la que me lo dijo, es decir, habló como si estuviera en una comiquita, igual como se hace con el doblaje latino y el ya nombrado acento neutro, que como tal no existe, sino que es la única forma de que las productos audiovisuales doblados sean entendidos por todos los latinoamericanos. Lo hubiese cacheteado, no sin antes decirle que dejara de hablar como un anormal, que así no se habla aquí, pero tenía la mano ocupada con el envase de pintura, mala suerte.

Estas son las señales de que su hijo, hermano, primo o lo que sea, forma parte de esta generación Discovery Kids:

  • Si dice alguna de estas frases:

– “Pásame el tarro de las galletas”.

– “¡Mira un arbusto!”.

– “Vamos a jugar en el lodo”.

– “Tengo ganas de comerme una sandía…”.

– “Me voy a poner una playera y unos tenis nuevos”.

– “Quiero comer pastel”.

– “Voy a meter la gaseosa en el refrigerador”.

  • Si habla de “rosa” o “naranja” como colores.
  • Si sustituye el morado por púrpura o violeta.
  • Si se refiere a una canción como “una rola”.

Todo esto, por supuesto, hablando como la gente de los programas doblados y los infomerciales, pronunciando todas las eses, des y jotas como si su vida dependiera de ello.

Si usted, señora madre, señor padre (o usted, querido lector que no tiene hijos pero quiere hacer algo realmente importante y valioso por nuestro mundo y le da flojera andar reciclando papel), que tanto quiere a su niño y desea todo lo mejor para él, si ve en él alguno de los síntomas anteriormente descritos (porque sí, señores, es una enfermedad), no dude lanzarle de inmediato el objeto que tenga en su manos en el momento para hacerle entender muy respetuosamente al niño que se deje de pendejadas y que hable como alguien normal. Si los síntomas continúan, le aconsejo que llame inmediatamente a su médico de confianza para que le aconseje el instrumento de tortura más eficaz.

¡ALERTA PERMANENTE! No dejemos que uno de estos días nuestros niños nos salgan con “¡no manches güey! ¡qué padre!”.

Hay pocas escenas en el cine que me producen lo que ésta. Cuando vi Toy Story 2 por primera vez, tendría unos 7 años y quedé maravillado con esta parte de la película. Incluso hoy en día la vuelvo a ver y siento que sigue siendo perfecta. Tal vez es sólo una sensación personal, pero esta escena lo tiene todo: una música magistral, que se funde con los efectos sonoros y producen un sonido sin igual (atención a la parte en la que el anciano aumenta cada vez más el alcance de sus lentes y cuando introduce el hilo en la aguja), la imagen que luce genial incluso después de 14 años, me encanta lo detallista que es con el ojo brillante de Woody y la textura de su brazo roto y la marca de ‘Andy’ en su pie. Los planos cortos hacen que pienses que estás dentro de la escena en vez de estar sólo viéndola. La ausencia de diálogo realmente es acertada, pues sólo la imagen, junto con la música, logra hipnotizarte. Simplemente, Pixar.

Ayer soñé que vivía en mundo extraño, paradójico.

Los países se enfrentaban “por la paz”… ¿en qué clase de mundo matas a otros buscando paz?

Las religiones insistían en el amor al prójimo, pero dicen que ‘su’ religión es la correcta y que irás al infierno si no crees en lo que ellos creen.

Los políticos hablaban de austeridad, usando trajes que podrían alimentar a una familia por meses, y un reloj que sería una fortuna para cualquier ciudadano promedio.

Ayer soñé que en muchos países la mujer es poco menos que un objeto, y se le prohíben cosas tan absurdas como manejar un auto. Soñé que si no cumplían con esas reglas las violaban, ahorcaban, e incluso quemaban vivas frente a todo el mundo.

En la televisión estaba prohibido decir cualquier palabra relacionada con el sexo, pero hasta la más extrema violencia se mostraba alegremente.

Si cometías un delito, tu pena dependía de una cosa: ¿tienes dinero? ¿apoyas al gobierno?

Era preferible que tu papá le pegara a tu mamá, o a ti. Que fuera un borracho, un ladrón o un asesino… ¿pero ser criado por gays? Eso se consideraba inaceptable.

Soñé que tuve un accidente algo grave, y necesitaba ayuda. La gente hizo un círculo a mi alrededor. Mucha gente en realidad. Pero nadie me ayudaba. Nadie. Todos me grababan con sus teléfonos y decían algo sobre ‘subir el video’.

La violencia era el pan de cada día. La gente estaba muy rara. Por cualquier cosa te sacaban un arma (todos andaban armados, era un sueño muy extraño) y no dudaban en dispararla si les provocaba.

Todos sentían miedo de ver a un policía o un fiscal en la calle, casi tanto miedo como si vieran a un ladrón. No sé por qué, si ellos están ahí para servir a la gente, sin ningún interés, sin ninguna segunda intención.

Lo normal era que el hombre tuviera muchas mujeres, aunque estuviera casado y con hijos. Si un hombre le era fiel a su familia, automáticamente era un “maricón”.

La gente vivía muy mal. No conseguían todos los alimentos, y todo estaba muy caro. Pero nadie decía nada, nadie levantaba la voz, ¿por qué?

Ayer soñé que los hospitales estaban hacinados y era imposible ir a una clínica. La gente debía decidir entre hacer colas interminables para ser atendidos, o quedar  arruinados por ser atendidos de inmediato.

Las palabras respeto, tolerancia, honestidad y solidaridad habían desaparecido del diccionario. Si eras algo de esto, pues eras directamente un “pendejo”.

Había personas que amasaban fortunas de miles de millones de dólares, mientras otros dejaban el pellejo por unos cuantos centavos.

Este mundo era de los audaces, de los intrépidos… no importa a quién se llevaran por delante, o a quién dejaran en el camino. En este mundo no cabía pensar en los demás.

Pero bueno, era sólo un sueño… ¿no? Posiblemente he estado algo estresado los últimos días y por eso he tenido este sueño tan loco, y a la vez tan deprimente y cruel.

Porque nada de esto es real, ¿verdad?

¿Verdad?

‘Silver Linings Playbook’ (2012) – Dir. David O. Russell

Dicen que de músicos, poetas y locos todos tenemos un poco. Bueno, en el caso de los protagonistas de esta película, pues ya tienen la cuota necesaria de locura. Pat tiene un trastorno de bipolaridad, mientras que Tiffany tiene serios problemas de depresión y autoestima. Silver Linings Playbook, titulada en Latinoamérica como ‘Los Juegos del Destino’, a simple vista parece una típica comedia romántica, como las protagonizadas por Matthew McConaughey o Sandra Bullock. Pero desde el primer momento, vemos que esta película trata de deslindarse totalmente de ellas.

Si en las comedias románticas tradicionales estamos acostumbrados a ver personajes perfectos, sumamente exitosos, prósperos, que lo tienen todo en la vida, en ‘Silver Linings’ vemos todo lo contrario: dos personas, si se puede decir, fracasadas, que han pasado por respectivas crisis. Esta película nos ofrece una visión más personal de este tipo de trastornos, sin hacer una burla de éstos, ni generar la comedia a partir de ellos. Obviamente esta película no trata de ser un estudio sobre estos problemas, sino que parte de esta premisa para dejarnos algo muy en claro: el amor puede venir de cualquier persona y cualquier parte.

Sería difícil definir este film en una sola categoría, pues se pasea a lo largo de todo su metraje por el drama, la comedia y el romance, todos en su justa medida. Es decir, que en ningún momento se vuelve demasiado melancólica, ridícula o cursi. Bradley Cooper, Jacki Weaver y Robert De Niro están inmensos en sus personajes, lo de Cooper es digno de enmarcar teniendo en cuenta el tipo de películas en las que suele aparecer. Estos tres comparten varias escenas que son realmente antológicas, en mi opinión, de las mejores de toda la cinta. Por su parte, una expresiva (y muy muy sexy) Jennifer Lawrence completa el cuarteto estelar de ‘Silver Linings Playbook’. Si bien su personaje acapara todas las escenas en las que aparece, no podría decirse que es el ‘alma’ de la misma, porque ella, junto con los tres intérpretes anteriores, son los que le dan sostén al film, además de un estupendo guión a cargo del mismo Russell.

Si bien Rusell busca no repetir situaciones o escenas mil veces vistas en otras películas de corte dramático romántico (teniendo en cuenta además que el material literario en el cual se basa no es de estas características),  es innegable que al final cae en lo típico. Además, aunque su desarrollo es bastante interesante, en cuanto vemos la primera escena de Tiffany y Pat, sabemos lo que pasará con ellos. Sin embargo, con esto no quiero decir que es una mala película, pues me ha parecido muy buena, con un sólido guión, excelentes actuaciones y una historia muy interesante, a pesar de los últimos minutos en los cuales algunas decisiones resultan quizás demasiado rebuscadas para lograr el final deseado. Me deja gratamente sorprendido la capacidad interpretativa de Cooper y la facilidad con la que Lawrence logra que la ames o la odies, según el momento.

¿Que si mereció tantas nominaciones al Oscar? No soy quién para dar un sí o un no, pero debo decir que ‘Silver Linings’ es una película muy por encima de la media y tiene un guión soberbio, el cual sirve de base para el lucimiento de sus cuatro actores principales. Jennifer Lawrence está encantadora, aunque no sé si su actuación es mejor que la de Emmanuelle Riva o Naomi Watts. Yo se lo hubiera dado a Riva, porque sé que Lawrence hará en un futuro más papeles destacables que le darán tanto o más reconocimiento que la película que nos ocupa (igual Meryl Streep tiene más nominaciones al Oscar que dedos en las manos, ¿o no?). Aunque tampoco entiendo tanto odio desmedido hacia Jennifer, quizás su edad y el “género” de esta película nos de una respuesta: prejuicios.

Lo mejor: Las escenas entre Pat y sus padres y la participación de Chris Tucker. Jennifer Lawrence, sin duda.

Lo peor: El final es algo típico, además de que el personaje de Lawrence pierde algo de fuerza en el último tercio.

Mi nota: 8/10

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Este relato forma parte de un ejercicio del libro ‘Mientras escribo’ (On Writing) de Stephen King, que sirve como una guía para los que estamos iniciándonos en esto de la escritura. Stephen plantea la premisa de la historia, para que el lector que lo desee lo desarrolle a su manera. Los nombres de los personajes, así como la concepción inicial son de King, así mismo, las situaciones que se presentan, los diálogos, la narrativa y el título de la historia son de mi autoría.

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– Es ella.

Esta frase no tendría ninguna relevancia en otro contexto, como la chica que vio a una amiga a lo lejos, o el padre que reconoció a su hija en la foto de su graduación de secundaria. Pero en este caso, la frase contiene un significado muy diferente para Dick, como una epifanía o una revelación. Realmente era ella.

Eran las 8:00am cuando se preparó un sándwich y se sentó frente al televisor. A través de la ventana que estaba detrás, podía verse hacía la calle frente a la casa. Estaba viendo dibujos animados cuando un escalofrío recorrió su cuerpo. Se levantó en un instante y respiró profundamente… esencia de rosas, no cabía duda. No era que nadie usara esa loción, porque era bastante común, pero ésta no olía de esa manera si no era en la piel de ella. ¿Cómo salió de allí? ¿Escapó?

Tenían 2 años de casados. Prácticamente desde el primer día, Dick se dedicaba a gritarle a su esposa. Al principio por razones específicas, pero luego se fue convirtiendo en una costumbre. Jane no lavó los platos, Jane no sacó la basura, a Jane le quedó la comida demasiado salada, Jane está viendo la telenovela mientras yo quiero ver el partido… Esos gritos se convirtieron en empujones y más tarde en golpes. Él realmente le hacía daño. No le bastaba con golpearla, descargaba toda su furia contra ella. Le hacía sangrar, gritar, suplicar…

Una vez Jane despertó tarde y no pudo prepararle el desayuno a su esposo sin que se retardara para ir al trabajo, así que sólo le sirvió cereal con un poco de leche. Tal fue el enojo de éste, que estampó la cara de Jane sobre el plato, tantas veces como le permitía ella con sus manotazos y rasguños. Pero ella no era fuerte en absoluto, así que él se detuvo sólo cuando vio que todo el contenido del plato se había convertido en una asquerosa sustancia rojo intenso, sumamente viscosa. Jane tenía la cara irreconocible, así que Dick la obligó a quedarse en casa hasta que las marcas desaparecieran.

Otro día, recuerda Dick, quizás por un problema de celos o cualquier otra cosa, que la golpeó en la cara con tanta fuerza, que ella cayó inconsciente casi automáticamente, y su cabeza se estrelló contra el borde de la cama. En unos segundos la sangre inundó la habitación. Él la llevó al hospital diciendo que se desmayó y se golpeó al caer.

Pero todo cambió hace un mes. Dick estaba, como casi todas las noches, viendo el partido, mientras que Jane planchaba la ropa a un lado. El teléfono de ella sonó, y se instaló a hablar durante al menos 15 minutos, interrumpiendo los comentarios de los narradores. El recuerdo de Dick es borroso, pero seguramente la golpeó, como cada vez que perdía los estribos. Lo único que recuerda es a Jane con una ira incontenible, abalanzándose sobre él con la plancha en la mano, estrujándola contra sus brazos, pecho y costado. La cara fue el último lugar donde el objeto ardiente fue a parar, con tanta fuerza y por tanto tiempo, que él perdió el conocimiento. Jane estaba realmente fuera de sí: sus ojos, normalmente verdes, se volvieron oscuros, sus fosas nasales doblaron su tamaño y su boca estaba tensa y bastante abierta. Respiraba entrecortadamente y le gritaba maldiciones a su marido. Un juez la declaró mentalmente incompetente y la refirió a un hospital psiquiátrico por no menos de 1 año.

Así que se escapó. O al menos eso suponía Dick, porque era lo más lógico. Él caminó por toda la sala hacia el espejo que tenían justo al lado de la puerta principal. Su rostro seguía tan rosado y asqueroso como el primer día, a pesar de los esfuerzos de los médicos. Todavía llevaba vendajes en el torso y tomaba calmantes para el intenso dolor. Si Jane estaba de regreso era para un único propósito: venganza.

Dick se apartó del espejo y puso su mano sobre el pomo de la puerta, pero no se atrevía a girarlo. ¿Realmente era ella? ¿O sólo imaginó su olor? Jane formaba parte de cada una de sus pesadillas durante las últimas semanas. Aparecía sin falta, con los mismos ojos oscuros y respiración entrecortada, exclamando maldiciones. En ocasiones con la plancha en la mano, pero la mayoría de las veces su imaginación volaba alto y podía verla con una sierra eléctrica, con un cuchillo, con una escopeta, o con una espada. Y con la misma frecuencia de esas pesadillas, él despertaba empapado en sudor y gritando de miedo. Miedo. Eso era lo que le provocaba Jane. Eso era lo que le salía por los poros, lo que le impedía abrir la puerta.

Dio media vuelta en dirección a la escalera. ¿Qué iba a hacer? ¿Llamar a la policía? Ni en broma. Ya era lo suficientemente humillante tener que salir a la calle y soportar las burlas de todo el vecindario. No. Era su imaginación. Más de una vez creyó oler ese perfume en sueño, pero en esta caso estaba más que despierto. Así que se volteó de nuevo y abrió la puerta sin dudar.

– Hola, cariño – Dijo Jane.

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Muchos escuchamos música según nuestro estado de ánimo: cuando estamos de muy buen humor escuchamos las más rápidas y alegres, o lo contrario si estamos algo decaídos. Es algo casi inconsciente. Pero la música es también un estado de ánimo en sí mismo, así que ¿por qué escuchar una canción triste cuando estamos tristes? Hagamos lo contrario y quizás nuestro ánimo cambie.

Esta canción es una de las que provoca un efecto tal, que por más desanimado que esté, siempre me va a provocar una sonrisa y e va a obligar a mover la cabeza y los pies al compás de la música. Puede ser de noche, y es como si el sol saliera de pronto, puede estar lloviendo y es como si de repente escampara, puede hacer frío y automáticamente vuelve cálido el clima.

La escuché por primera vez en la película “(500) Days of Summer”. Lo que provoca en mí, además de la canción en sí, es quizás el significado que tiene en esta película, es un momento sublime, más que feliz… Los momentos de mi vida que son así los relaciono con esa canción, y al escuchar la canción, la relaciono con esos momentos de mi vida.

Aquí está el momento de la película que mencioné, donde aparece la canción: