Archivos para junio, 2013

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– Coño, comadre, se me hizo tarde… Es que le estaba preparando el desayuno a los muchachos.

– No le pare bola, Teresita, que yo le estoy guardando aquí el puesto… – Dice María.

– ¿Ha avanzado algo la cola?

– No… es que aún no ha llegado el camión.

– ¿Pero sí llega? – Pregunta Teresita.

– Debe llegar… bueno, así me dijo la negra.

– Sí, la negra también dijo que me iba a fiar el coroto ese de Avon y después me salió cobrando… Además, la semana pasada estuvimos aquí desde la mañanita hasta que se puso oscuro y nunca llegó.

– Si, es verdad. Pero seguro que hoy si llega.

– Tú sabes cómo es, María. Si hoy no llega, no voy a tener qué darle a los muchachos a la noche. Esta mañana gasté el poquitico de harina que me quedaba.

– Bueno, harina yo tengo, yo le puedo dar. Lo que necesito comprar es papel tualé, que se nos acabó ayer.

– ¿Ah, pero también va a llegar papel tualé? – Pregunta Teresita.

– Eso espero. A mi el chino me dijo que llega un camión, pero no sé que traerá.

– De todas maneras hay que esperarlo, porque hacen falta muchas cosas.

– Eso si es verdad…

– Bueno, pero hemos recuperado la patria, comadre, que es lo importante – Dice Teresita seriamente -. También hay que aprender a vivir en la carencia. Después de la patria lo demás es lujo.

– Tiene razón. Aunque cómo hace falta el café, vale…  – comienza a enumerar María-. Y azúcar, que no conseguí en el otro abasto. Mantequilla, y vamos a ver si consigo huevos, porque más allá están ¡carísimos!

– Sí, están muy caros… es que con esos especuladores no se puede. ¡Son unos abusadores!

– Sí, comadre. le han subido como 3 veces al precio como en un año. Ellos haciéndose ricos y uno jodiéndose.

– Lo han subido demasiado. Le deben ganar como el triple de tanto que lo han subido – Dice Teresita.

– Igual que el pasaje. Demasiado caro.

– Gracias a Dios que volvieron a subir el sueldo. Si no uno no podría ni agarrar un bus ni nada…

– Es lo que llaman la inflación…

– ¡Qué inflación ni que nada, María! ¡Esos son los mismos burgueses que odian al pueblo y acaparan los productos y lo ponen todo caro!  Eso de la inflación lo inventaron ellos mismos. Lo aprendieron del imperio, y como tienen el control mediático te bombardean de esa publicidad malévola que te hace creer que este gobierno no es de pinga. No te dejes engañar…

– ¡Son unos fascistas! Y cómo nos odian esos apátridas disociados. – suelta rápidamente Teresita.

– Por eso es que no volverán. Aquí lo que funciona es el socialismo, más nada…

– Es así, comadre. Yo voy un momentico a que Jesús a ver cuándo nos traen el cisterna, que tenemos más de una semana sin agua. Y así aprovecho y voy para que el árabe, a ver en cuánto tiene los televisores, que se me quemó el del cuarto. Me guarda el puestico…

– Vaya con Dios, comadre… ¿y eso que se quemó?

– No sé. Debe haber sido por los apagones, que ya son demasiados, aunque si eso sirve para salvar a la especie humana, yo no me quejo. Además, a veces esas cosas pasan, de repente el televisor de dañó  y ya.

–  ¿Y por qué no pregunta por esos televisores que trae el gobierno? Creo que de Rusia, y están bien baratos.

– ¡No, qué va! ¡Esos son bien malos! Mejor me compro un Samsung – respondió Teresita con una sonrisa en la cara. Acto seguido, dio media vuelta y se fue.

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La casa sin fin

Publicado: 27 junio, 2013 en Relatos
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Extraído de www.marcianosmx.com

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Permítanme comenzar diciendo que Peter Terry era adicto a la heroína.
Fuimos amigos en la universidad y siguió siendo después de graduarme. Nótese que dije “graduarme”. Después de haber salido de los dormitorios y en un pequeño apartamento, no vi a Pedro por mucho .Hablábamos en línea de vez en vez . Hubo un período en el que no estaba disponible para cerca de cinco semanas consecutivas. Yo no estaba preocupado. Él era un flojonazo muy notorio y adicto a las drogas, así que supuse que simplemente dejó de preocuparse. Pero una noche lo vi . Antes de que pudiera iniciar una conversación, él me envió un mensaje.

“David, hombre, tenemos que hablar”.

Fue ahí cuando me dijo sobre la casa sin fin. Tenia ese nombre porque nadie, nunca, había logrado llegar a la salida. Las reglas eran simples, hasta parecía un cliché: Logra salir el cuarto final de la casa y ganas $500, nueve cuartos en total. La casa estaba localizada a las afueras de la ciudad, a unos kilómetros de mi casa. Aparentemente él lo había intentado y fallo. Él era adicto a la heroína y quien sabe a que carajo mas, así que pensé que las drogas lo habían puesto a tal grado que habría confundido cualquier papel o cortina con un fantasma o algo así. Él me dijo que era demasiado para cualquiera. Que no era natural. Yo no le creí. Porque habría de hacerlo? Le dije que iría la siguiente noche a ver que pasaba, y sin importar que tan fuerte el trataba de convencerme de cambiar de idea, esos $500 sonaban muy bien a decir verdad, tenia que. Salí la noche siguiente. Esto es lo que pasó.

Cuando llegue, inmediatamente note algo extraño en el edificio. ¿Nunca has visto o leído algo que no debería de dar miedo, pero por alguna razón un escalofrió recorre tu espina? Camine directo al edificio y ese sentimiento solo se intensifico al tiempo que abría la puerta principal.

Mi corazón bajo su ritmo, y un suspiro de alivio escapo de mi cuando entré. El cuarto lucia como un típico lobby de hotel, decorado de Halloween. Había un letrero colocado en esa clase de recepción. Decía: “Cuarto No.1, hacia este lado. Ocho más seguidos, alcanza el final y ganas!”. Me reí entre dientes y comencé a caminar hacia la primera puerta.

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Sinceridad

Publicado: 26 junio, 2013 en Imágenes
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Sinceridad

Man of Steel (2013) – Dir. Zack Snyder

No soy fan del personaje, aunque no lo odio, en absoluto. Simplemente tengo otros superhéroes como favoritos, entre los que están Batman y Spiderman como primeros. A mi personalmente, Superman, como personaje no me resulta atractivo, pues lo veo demasiado ‘perfecto’ e invencible. Creo que me resulta mucho más apasionante el superhéroe con problemas, con imperfecciones, con tragedias. Las películas de Superman nunca me gustaron demasiado porque me parecía aburrido ver a un superhéroe tan invulnerable.

En el caso de la película que nos ocupa, me ha pasado lo contrario: he logrado conectar con el personaje. Zack Snyder ha hecho que me interese la historia de Superman desde sus inicios y su formación como un hombre con una moral tan indestructible como su cuerpo. La película se toma su tiempo, lo que es de agradecer, porque no todos conocemos esta historia. El guión poco a poco va construyendo un personaje que resulta, dentro de lo que cabe, creíble, y no tan acartonado como me parecía en otras versiones. Henry Cavill es un Superman muy fresco, y a pesar de no ser muy expresivo (quizás por el personaje que representa), dota de cierta inocencia, bondad y algo de inseguridad al hombre de acero.

Las escenas de acción son impresionantes, a lo largo de toda la cinta se intercala una que otra incluso en momentos de calma, pero es en los últimos 40 minutos, aproximadamente cuando la acción realmente se apodera de la película y no la suelta hasta que aparecen los créditos finales. Las escenas son apoteósicas realmente, pero se vuelven algo cansinas por su exagerada duración. No pongo en duda su calidad, pero resultan algo repetitivas luego de un rato. Creo que el clímax ha sido alargado demasiado.

No voy a compararla con las otras películas, porque como dije, no soy fan del personaje y de ellas me acuerdo poco. Pero siento en este caso un nuevo enfoque a la historia, mucho más serio y épico. No es un toque realista como el Batman de Nolan, y mucho menos tiene un trasfondo filosófico, es mero entretenimiento, pero del bueno. Los efectos son realmente asombrosos, incluso los más sencillos, como el vuelo de Superman, se muestran espectaculares.

Con respecto a los personajes, destacan Amy Adams, que encarna a una Louis Lane encantadora y aguerrida en partes iguales; y Russel Crowe está excelente como el padre biológico de Superman. El villano me ha gustado, teniendo en cuenta que es una cinta de orígenes y sería contraproducente presentar a uno más grande o con más carisma. Teniendo en cuenta que apenas es el inicio de Superman, me gustó mucho el detalle de que se mostrara a un Clark/Kal sin experiencia y con la inseguridad propia de un novato, por más “de acero” que éste fuera.

En general El Hombre de Acero me ha parecido una buena película, muy por encima del resto de su género (Batman juega en otra liga, por supuesto). Tiene varios defectos y cosas por mejorar para las secuelas, pero también muchos aciertos. Es una cinta altamente disfrutable y entretenida. Ha gustado incluso a los que no nos gusta el personaje, así que los fans pueden sentirse plenamente satisfechos.

Lo mejor: los efectos: la forma en que vuela Superman es impresionante, el enfoque que le han dado a la historia, algunos toques de humor, como la primera vez que mencionan el nombre de Superman.

Lo peor: las escenas de acción son asombrosas, pero resultan algo aparatosas y tienden a extenderse demasiado. Su extensa duración es un punto en contra, porque termina por cansar un poco al final.

Mi nota: 7/10

P.D.: Una viñeta muy divertida sobre la ‘S’ en su traje:

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House at the end of the street

Chloe-Moretz-in-Carrie-2013-Movie-Image-2

Particularmente es una de las películas más esperadas del año. Chloë Grace Moretz es a mi como el refresco de naranja es a Kel (si sabes a qué me refiero, te tengo una noticia: te estás poniendo viejo), así que no me la podría perder. Eso, aunado a una historia basada en uno de los más aclamados libros del maestro Stephen King, pues me hacen esperarla aún más. Según los productores, no es un remake del film de 1976 con Sissy Spacek y dirigida por Brian De Palma, sino una nueva adaptación del libro.

Si esto es cierto, sería interesante ver una nueva versión de esta historia, pues en la de De Palma,  el clímax se vio considerablemente reducido, debido a que no tenían suficiente presupuesto. Espero que en esta película, que cuenta con suficientes medios, las escenas finales sean como en el libro, mucho más apoteósicas que en la primera adaptación. Por ahora podemos disfrutar de un par de pósters y el trailer internacional, donde se ve a una Carrie quizás demasiado sexy a lo que debiera ser. Tal vez con su actuación nos haga creer que realmente es una chica fea e inadaptada. Realmente no lo dudo.

Los pósters:

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Hace un tiempo, unos cuantos semestres atrás, mientras muchos se llevaban las manos a la cabeza durante la “brillante” (nótese las comillas) exposición de una compañera en la que decía más barbaridades que cualquiera de nosotros con unos palos encima, y mientras yo aprovechaba que ella se volteaba a señalar lo que decían las diapositivas para bucéarmela (lo iba a decir de forma más sutil, ¿pero para qué engañarnos?); recuerdo que una amiga, que estaba sentada a mi lado me dijo “es que definitivamente los caballeros las prefieren brutas”. Cabe destacar que lo de caballero seguramente lo dijo porque es una frase célebre, porque sinceramente, y con la cara con la que me lo dijo, no estaba pensando justamente en referirse a nosotros como eso.

Inmediatamente recordé lo que ocurrió en bachillerato, también durante una exposición (un recuerdo dentro de un recuerdo, es como un post-ception). En este caso el que estaba exponiendo era yo. Y no, no estaba diciendo estupideces, y tampoco me estaban buceando, creo. Habíamos terminado la exposición y estábamos haciendo una especie de dinámica en forma de preguntas sobre cultura general a cambio de premios. Me tocó preguntarle a una chama bellísima, la mami del salón, pues, para no entrar en detalles. La cuestión es que no tenía nada anotado, así que podía buscar alguna pregunta que pudiera responder con facilidad (como si eso me ayudara en algo con ella, pendejadas que creía uno en esa época). Decidí entonces preguntarle, con toda la intención de que respondiera inmediatamente, se llevara su premio y me diera un beso como agradecimiento (jaja). La cosa era, ni más ni menos, “¿cuál es la moneda oficial de Estados Unidos?”. Fino, pues, se la lanzo bombita, ella la batea, le doy su premio, y vivimos felices para siempre…

Nada más lejos de la realidad: la chama se puso de todos los colores, frunció y desfrunció el ceño, apretó y desapretó los labios, la mandíbula, el esfínter, miró hacia los lados, soltó una risita nerviosa y dijo: “ay, ¡no sé!”. Queridos lectores, todo se fue a la mierda, me mordí los labios en busca de no sacarle la madre, y con mi brazo derecho detuve a una compañera que le iba a lanzar un coñazo, lo juro. Respiré profundo y pensé “ok, es una bruta del carajo, está más buena que el idem, pero es una bruta, coño. Como todo el mundo se merece una segunda oportunidad, voy a preguntarle algo más fácil, algo que todos sepamos, que en algún momento de nuestras vidas hemos escuchado por ahí o visto en TV“. Digo, tal vez lo del dólar era muy profundo para ella, es muy posible que nunca hubiera escuchado nada relacionado con eso: ni el barril de petróleo, ni el valor del dólar en bolívares, quizás nunca ha viajado o conocido a alguien que haya viajado fuera de este país. Tal vez no sabía el significado de “moneda” o de “oficial”, o quizás no sabía que carajo son los “Estados Unidos”, que podían ser cualquier cosa: un equipo de fútbol, una marca de motocicletas, o el nombre de la novela de turno de Venevisión. Todas esas posibilidades me llevaban a la misma conclusión “es una maldita bruta, marico, no hay de otra“.

Mi segunda pregunta fue: “¿Cuál es el Director Técnico de la Vinotinto?”. Cuando vi la cara que puso me di cuenta que ahí sí la cagué. Me metí en el terreno que la mayoría de las mujeres no conocen. Si me decía “Richard Páez” igual le daba el premio, porque en ese momento César Farías tenía poco tiempo en el puesto, aunque en absolutamente todos lados se habló de este último como el nuevo seleccionador. Pero con Richard Páez la cosa adquiría otro nivel, es decir, era como si no supieras como se llama el papa, los últimos años estuvieron llenos de noticias con su nombre, aún más allá del ámbito deportivo. Pero nada, tampoco dijo nada, ni siquiera un nombre cualquiera. Prácticamente estuve dispuesto a darle el premio si decía “Juan Arango”, “Ronaldinho” o “Luis Sojo”. Pero no hubo señales de vida en esa cabecita.

Luego de pensar en ese evento de bachillerato, y ver a la chama que estaba exponiendo frente a mi, ahora en la universidad, pensé que esa frase expresa un machismo preocupante, con todo y teniendo en cuenta que en la mayoría de las veces las que la repiten son mujeres. Y por supuesto que nosotros tenemos algo de culpa. Uno ve a una mujer así, de esas que se llevan todas las miradas, y que cuando hablan cumplen la misma función de una poceta (más gráfico imposible), no está pensando en nada más que en lo físico. Prácticamente nos da igual lo que salga de sus bocas, pues en ese momento no estamos pensando en eso. Pero una cosa es cierta: ninguna de estas chamas aguanta más de 5 minutos de conversación, porque su vida no va más allá que lo que tienen en frente: que si el teléfono, las uñas, el pelo, o el maquillaje. Es bastante aburrido, la verdad. Porque a simple vista se ve todo bonito, pero después de la tercera palabra que se cruza con alguna, el encanto se pierde, es como si un hechizo se rompiera.

Con respecto a la pregunta del título, no creo que sea así. Es tan sólo una de esas cosas en las solemos hacer juicios generalizados. Con las dos chamas de las que hablo en este post jamás tuve una conversación de más de tres o cuatro frases, con el tiempo, y como toda atracción superficial, me dejaron de interesar pronto. No puedo responder a esa pregunta tan abiertamente, en principio porque estaría generalizando, y eso es tan incorrecto como inexacto. ¿Los caballeros las preferimos brutas?          

Al menos éste, no.

Ey tú, si, tú…

Que tanto te quejas.

Que tanto te criticas.

Que tanto sufres.

Que temes salir de tu espacio.

Que temes arriesgarte, ir más allá.

Que temes decepcionarte, fallar, equivocarte.

Pero así mismo evitas superarte, enamorarte, evitas GANAR.

Tú tienes miedo a vivir…

Ahora ven, y escucha esta canción.

Ven y mírate.

Ven y pídete perdón…